Rodilla

Lesiones del cartílago articular

El cartílago articular es un tejido especializado suave y blanquecino que se localiza en la superficie de un hueso que se articula con otro. Este tejido está formado por unas células llamadas condrocitos que se encuentran embebidas en una sustancia compuesta entre muchos componentes, de cartílago. Este cartílago permite a los huesos moverse sin fricción, además de que ayuda a distribuir las cargas de un hueso sobre otro. Cuando ocurre una lesión en el cartílago, se liberan factores que comienzan poco a poco a degradar la zona del cartílago que se encuentra alrededor de la lesión.

El cartílago es un tejido que no se regenera. Una lesión en el cartílago articular puede resultar de un golpe directo a la rodilla, una caída, realizar ejercicio excesivo, lesiones en otras estructuras de la rodilla, edad avanzada, sobrepeso y algunas otras patologías que afectan también al cartílago como la osteocondritis disecante, artritis reumatoide, entre otras.


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Las lesiones en el cartílago pueden producir sintomatología, o no, dependiendo del tamaño de la lesión. Si existe sintomatología, esta frecuentemente es dolor, incapacidad para caminar o realizar ejercicio, inflamación, sensación de chasquidos en la rodilla y que la rodilla se “trabe“ en una posición.

El diagnóstico comienza con una exploración física. El médico le puede realizar una radiografía de la rodilla para detectar otras lesiones o artritis. Generalmente el médico le pedirá un estudio llamado resonancia magnética nuclear, la cual se emplea para ver las estructuras internas de la rodilla, las cuales no se pueden observar con una radiografía.


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El tratamiento dependerá del tamaño de la lesión, el tiempo que tiene y dónde está localizada. Se puede intentar con medidas conservadoras, las cuales incluyen medicamentos orales, fisioterapia, inyecciones, ortesis (como una rodillera), reposo y cambios en el estilo de vida.

Debido a que el cartílago es un tejido que no se regenera, generalmente las medidas conservadoras solamente funcionan por un tiempo determinado, pero la sintomatología suele avanzar hasta necesitar de cirugía. Existen múltiples tratamientos quirúrgicos para los defectos del cartílago articular. Algunos de estos tratamientos se realizan con cirugía abierta y otros con artroscopía, un método mínimamente invasivo. Algunos de estos tratamientos con las microfracturas, perforaciones, implantes osteocondrales, implante de condrocitos, implante de matriz extracelular y el uso de células madre. Respecto al uso de células madre, todavía se considera esta técnica en investigación, por lo que acuda con un médico serio y no se deje sorprender por charlatanes. En algunas ocasiones si la lesión es grande, se puede colocar una prótesis en la rodilla, dependiendo de la localización de la lesión. Reiteramos que el cartílago articular no se regenera, y hasta la fecha no existe ninguna solución para regenerar este tejido. Por este motivo, no se deje engañar por medicamentos “milagrosos“ que buscan regenerar el cartílago. Es importante atenderse las lesiones del cartílago articular prontamente y con un experto, para que daño en la rodilla no progrese.


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Lesiones/desgarros del menisco

Los meniscos son una especie de almohadillas localizadas dentro de la rodilla. En cada rodilla hay dos meniscos: uno externo y uno interno. Estos meniscos tienen la función de amortiguar el fémur (hueso del muslo) con la tibia (hueso de la pierna) para permitir un movimiento sin fricción y de proteger al cartílago. Estos meniscos tiene forma de médico círculo y son relativamente rígidos.

Una lesión o desgarro del menisco, ocurre cuando un segmento del menisco se rompe y se separa del resto del menisco. Existen múltiples tipos de desgarros de menisco. La causa más frecuente de un desgarro de menisco, es el practicar un deporte y lesionarse, generalmente al girar la rodilla con el pie colocado en el piso. Otros mecanismos como una caída o golpe directo, también pueden causar un desgarro de menisco. Los ancianos también pueden tener desgarros de menisco. Sin embargo, estos desgarros son degenerativos, no traumáticos. Con el tiempo, los meniscos se van adelgazando y desgastando. De la misma manera que el cartílago articular, los meniscos no se regeneran.


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Los principales síntomas de un desgarro de menisco son el dolor, inflamación, pérdida de la movilidad de la rodilla y sensación de bloqueo en la rodilla. Si la lesión se produjo al realizar ejercicio, se puede sentir un chasquido. Si el desgarro no es tratado en poco tiempo por un especialista, se comenzará a degenerar y comenzará a provocar daños irreversibles en el cartílago.

El diagnóstico es clínico mediante una exploración física realizada por el médico. El médico podrá realizar una radiografía para descartar otras lesiones u osteoartritis. El mejor estudio para diagnosticar un desgarro de menisco es una resonancia magnética nuclear.


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Dependiendo de la localización del desgarro, el menisco se podrá reparar por si mismo. En estos casos se puede comenzar con un tratamiento conservador acompañado de hielo, ortesis (rodillera), medicamentos orales y fisioterapia. Si el desgarro se encuentra en una zona donde el menisco no se podrá reparar por si mismo o si la sintomatología no se logra controlar, el tratamiento quirúrgico está indicado. La gran mayoría de las reparaciones de los meniscos se realizan por artroscopía, una técnica mínimamente invasiva. Si el desgarro es muy grande, se puede realizar un trasplante de menisco.


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Lesiones del ligamento cruzado anterior y ligamento cruzado posterior

El ligamento cruzado anterior (LCA) y ligamento cruzado posterior (LCP) son unas estructuras que se encuentran dentro de la rodilla y tienen la función de estabilizarla. Estos dos ligamentos, que uno se localiza delante de la rodilla u otro detrás de la rodilla, unen el hueso del muslo (fémur) con el hueso de la pierna (tibia).


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Existen situaciones, por ejemplo, deportes de contacto, caídas, accidentes y golpes, que pueden causar una ruptura de alguno de estos ligamentos, o de ambos. El ligamento más comúnmente lesionado es el LCA. Estas lesiones sin particularmente frecuentes en deportistas; al cambiar abruptamente de dirección, detenerse rápidamente, caer de manera incorrecta sobre la rodilla y golpes directos pueden lesionar alguno de estos ligamentos.

Después de la lesión del LCA o LCP, puede existir dolor, inflamación, pérdida de la movilidad, molestia al caminar y la sensación de inestabilidad de la rodilla. En el momento de la ruptura, se puede escuchar y sentir un tronido dentro de la rodilla.


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Una minuciosa exploración física es requerida para el diagnóstico. Radiografías pueden ser requeridas para descartar otras lesiones. La prueba indicada para el diagnóstico certero es una resonancia magnética.

Dependiendo del grado de lesión del LCA o del LCP, el tratamiento podrá ser conservador o quirúrgico. El tratamiento conservador se basa en el uso de rodilleras, fisioterapia, hielo y medicamentos. El tratamiento quirúrgico consta básicamente de la reconstrucción del ligamento dañado. Esta reconstrucción se realiza con cirugía artroscópica, es decir, con una técnica mínimamente invasiva en la cual el cirujano crea pequeñas incisiones en la piel y con el uso de una cámara e instrumentos especializados, repara el ligamento dentro de la rodilla. La gran mayoría de las veces es necesario colocar un injerto del ligamento roto. Este injerto puede ser de un donador o del mismo paciente. la reparación artroscópica permite una recuperación mucho más rápida, menos dolor y mejores resultados funcionales y estéticos.


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Posterior a este tipo de cirugía, es necesario un periodo de fisioterapia para una adecuada recuperación.


Osteoartritis de rodilla

La rodilla es una estructura compleja que está formada, entre otras estructuras, de tres huesos: el hueso del muslo (fémur). El hueso de la pierna (tibia) y el hueso de la rodilla (rótula o patela). Estos tres huesos se articulan y permiten el movimiento de la rodilla. Asimismo, entre cada hueso, existe una capa de tejido llamado cartílago artículo que tienen la función de disminuir la fricción y permitir un movimiento suave.

La osteoartritis de rodilla es la pérdida generalizada del cartílago en alguno de esos huesos. Es decir, la pérdida puede ocurrir en el fémur, la tibia o la rótula. Sin embargo, la pérdida del cartílago puede ocurrir en dos o los tres huesos. Con la osteoartritis, no solo se afecta el cartílago, sino que también el hueso, los meniscos, la membrana sinovial, entre otros.

Existen varios factores de riesgo para el desarrollo de osteoartritis, como la edad, peso, profesión, actividades deportivas, traumatismos previos de la rodilla, cirugías previas en la rodilla, entre otros.


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El paciente con osteoartritis de rodilla tendrá un dolor en la rodilla afectada que aumenta conforme pasa el tiempo y que puede ser peor en la mañana o después de estar en reposo o estar sentado; puede existir también inflamación de la rodilla, limitación en el movimiento, crujidos dentro de la rodilla y sensación de debilidad.

El diagnóstico se realiza primeramente con una adecuada historia clínica y exploración física, complementado con radiografías de la rodilla, donde el médico puede evaluar el grado de desgaste de la articulación. Otros estudios, como la tomografía computarizada y la resonancia magnética pueden ser necesarios, dependiendo del caso.


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El tratamiento generalmente comienza con medidas conservadoras; modificaciones en el estilo de vida, rodilleras, fisioterapia, bastones o similares, hielo, medicamentos tomados, medicamentos inyectados dentro de la articulación, viscosuplementación, entre otros. Si el tratamiento conservador no cumple en quitar las molestias adecuadamente, es necesario el tratamiento quirúrgico.

Para casos leves de osteoartritis, se puede realizar una artroscopia para lavar la articulación y reparar otros problemas dentro de la articulación. Si existe una desalineación se pueden realizar cortes en los huesos para realinear la rodilla.


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Si el daño es mas severo, es necesario colocar una prótesis. Dependiendo donde se encuentre el daño, se puede colocar una prótesis unicompartimental, patelofemoral o total, en caso de que todos los huesos tengan osteoartritis. Después de alguno de estos procedimientos quirúrgicos, es necesario un periodo de fisioterapia.


Lesiones de los ligamentos colaterales

Los ligamentos colaterales son una estructuras que se encuentran en la articulación de la rodilla y que unen al fémur con tibia y se encargan de estabilizar la rodilla. Cada rodilla tiene dos ligamentos colaterales: un ligamento colateral medial y un ligamento colateral lateral.

Similar que las lesiones del ligamento cruzado anterior y posterior, estas lesiones son mas frecuentes en deportistas, después de un golpe o una caída. Generalmente esta lesión se produce después de un golpe de lado a la rodilla.


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Después de una lesión de este tipo, puede existir dolor, inflamación e inestabilidad de la rodilla. El diagnóstico comienza con una historia clínica y una adecuada exploración física.

Se pueden obtener radiografías de la rodilla para descartar otras lesiones. La resonancia magnética es la mejor prueba para diagnosticar estas lesiones. Además, las lesiones de los ligamentos colaterales muchas veces se asocian con otras lesiones dentro de la rodilla, por lo que la resonancia magnética puede detectar alguna lesión asociada en caso de que existe.


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Dependiendo de la severidad de la lesión, el tratamiento puede ser conservador o quirúrgico. Si la lesión no es tan severa, el tratamiento conservador se realizar a base de una rodillera, hielo, reposo y fisioterapia.


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En casos de lesiones más severas, es necesario reconstruir el ligamento dañado mediante cirugía. Después de un procedimiento quirúrgico, es necesario un periodo de fisioterapia para una adecuada recuperación.


Luxación recidivante de la rótula

La rótula es el hueso que se encuentra enfrente de la rodilla, entre el hueso del muslo (fémur) y el hueso de la pierna (tibia). La rótula se desliza suavemente sobre el fémur, y está unida a dos fuertes estructuras: el tendón del cuádriceps y el tendón patelar.

Una luxación se refiere a cuando un hueso se sale de su articulación; en este caso, la rótula se sale de su articulación con el fémur. Recidivante o recurrente significa cuando ha ocurrido varias veces y que esta luxación se produce con poca fuerza.


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Existen múltiples causas para que una rótula se luxe varias veces. Alteraciones anatómicas, como variaciones en la forma del fémur es una causa importante. En algunos niños, las estructuras tendinosas que detienen a la rótula en su lugar con el movimiento con las laxas, lo que permiten un desplazamiento anormal de la rótula y la hacen mas proclive a salirse de su lugar.

Asimismo, problemas musculares del muslo pueden causar estos problemas. Las lesiones traumáticas también pueden causar la luxación de la rótula; si esto no es atendido de manera adecuada, otros tejidos se pueden dañar lo que da lugar a una recurrencia de la luxación. Las lesiones traumáticas hacen referencia a golpes directos, caídas o movimientos anormales de la pierna.

Cuando ocurre una luxación de la rótula, puede existir dolor, deformidad, inflamación, sensación de inestabilidad, oír cuando la rótula se luxa y pérdida del movimiento.

Una luxación de rótula debe de ser tratada como una emergencia. Si las luxaciones son recurrentes, se debe de hacer una minuciosa historia clínica y exploración física para conocer el grado de laxitud e inestabilidad que existe.

Se pueden obtener radiografías, tomografía computarizada y resonancia magnética para evaluar de manera integral la articulación.

El tratamiento conservador, que es la primera línea de tratamiento, contempla el uso de inmovilizadores como férulas o rodilleras, terapia física y cambios en el estilo de vida y actividades.


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Si las luxaciones son recurrentes, se debe de optar por un tratamiento quirúrgico lo antes posible, para disminuir el daño al cartílago, al hueso a los demás tejidos.

Existen múltiples procedimientos quirúrgicos, y este dependerá del caso en particular. Después de una cirugía será necesario un periodo de rehabilitación.


Genu varo y genu valgo

Genu varo y genu valgo se refiere a dos condiciones donde existe una deformidad en las piernas. Genu varo hace referencia a cuando las piernas están arqueadas hacia fuera, y genu varo cuando las piernas están arqueadas hacia dentro. Esto se observa mejor en las rodillas cuando el niño se para con los pies juntos.


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Una piernas sanas son derechas entre la cadera, la rodilla y el tobillo. En el caso de genu varo y genu valgo, existe una discrepancia entre estas articulaciones, lo que causa que las piernas no se encuentren rectas.

El genu varo puede ser normal en los niños hasta cierta edad, y con el tiempo desaparece.

Existen múltiples causas para genu varo y genu valgo, por ejemplo, la obesidad, alteraciones en las placas de crecimiento, enfermedad de Blount, raquitismo, entre otras.

El diagnóstico de estas alteraciones se realiza en primera instancia con una adecuada exploración física, y se puede complementar con radiografías de las piernas. Es importante comentar que no necesariamente ambas piernas están alteradas, algunas veces solo una pierna está alterada.


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Dependiendo de la edad del niño y la severidad de la deformidad, el tratamiento puede ser conservador o quirúrgico. Algunas veces es suficiente observar al niño por un periodo determinado de tiempo y estudiar si las deformidades se van corrigiendo, no cambian o empeoran.

La mayoría de las alteraciones se corrigen sin tratamiento conforme el niño crece.

Esto no significa que no sea importante llevar al niño con el ortopedista.

Otros tratamientos incluyen el uso de ortesis, férulas y el tratamiento médico en caso de que se requiera.

Si la deformidad es severa y/o no mejora con el tiempo, puede ser necesario el tratamiento con cirugía para reestablecer la anatomía normal de las piernas.


Bursitis

Las bursas son unos sacos pequeños que contienen líquido y están localizadas en múltiples partes del cuerpo. Estas bursas actúan como colchones y permiten un movimiento libre de una estructura sobre un hueso.

La bursitis se refiere a la inflamación de la bursa. En la rodilla existen múltiples bursas que se localizan en distintos sitios, y cada una se puede inflamar, dando sintomatología distinta.


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Cuando la bursa se inflama y se irrita, se produce mucho líquido en el interior de la misma, lo que causa inflamación, dolor y presión en las estructuras adyacentes.

Existen varias causas de bursitis; una de ellas es la presión sobre la bursa, por ejemplo, al estar arrodillado por mucho tiempo. Golpes directos a la rodilla, deportes, caídas sobre la rodilla, personas con gota o artritis reumatoide también son causas.

La bursitis también puede infectarse, por ejemplo, después de una picadura, golpe directo con ruptura de la piel o una lesión cortante, a lo que se denomina como bursitis infecciosa.


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Los principales síntomas son dolor en la rodilla con la actividad, generalmente durante el día que disminuye por la noche, inflamación de la rodilla, limitación funcional, enrojecimiento, aumento de volumen de la rodilla, y si la bursitis es infecciosa, puede haber fiebre.

El diagnóstico comienza con una adecuada historia clínica y exploración física. Se pueden realizar otras pruebas como radiografías para descartar otras lesiones, tomografía computarizada, resonancia magnética y ultrasonido.

En algunos casos, el médico puede realizar una aspiración del líquido de la bursa y enviar este líquido al laboratorio para su análisis, esto es especialmente importante en casos de bursitis infecciosa.

El tratamiento generalmente es conservador; utilizando hielo, reposo, elevación de la rodilla afectada y medicamentos como antiinflamatorios.

En algunos casos se pueden colocar medicamentos directamente en la bursa inflamada con una inyección.


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Si la bursitis es infecciosa, se requiere la administración de antibióticos.

Si esta infección no cede, puede ser necesaria la cirugía para drenar la infección.

En casos muy particulares puede ser necesaria la cirugía también para bursitis no infecciosas, especialmente si la bursitis lleva mucho tiempo, no mejora con tratamiento conservador y causa discapacidad.

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